14 may. 2015

Ritter y Justin: antropólogos al servicio del Reich


Ritter y Justin tomando análisis de sangre a un romaní de los Sudetes

La antropología jugó un papel muy importante en el régimen de la Alemania nazi como vehículo justificador para las atrocidades y desmanes que se llevaron a cabo en él, y que cristalizaron en las Leyes de Nuremberg de 1935.
En el artículo de hoy nos centraremos en dos figuras claves en la antropología nacionalsocialista: Eva Justin y el Doctor Robert Ritter. Estos dos antropólogos centraron sus estudios básicamente en el pueblo gitano.
A finales del siglo XIX en los círculos académicos y universitarios comenzaron a desarrollarse enseñanzas ideológicas y raciales encuadradas en la nueva “disciplina” llamada racismo biológico. Aquí se comenzó a tratar los diferentes grupos humanos analizando las diversidades que existían entre ellos. Rápidamente estas nuevas formas de pensar comenzaron a impregnar a la sociedad.
Tras un paréntesis por la I Guerra Mundial, estos científicos raciales alemanes (antropólogos, genetistas, demógrafos,etc.) desarrollaron la “Teoría de la higiene racial” entrelazando la herencia con la enfermedad, el crimen y el comportamiento asocial usando estereotipos biológicos y culturales para justificar el por qué de la inferioridad del pueblo gitano respecto al pueblo europeo caucásico.
A mitad de los años 20 estos teóricos pusieron los fundamentos que posteriormente serían desarrollados en el régimen nazi, describiendo a los gitanos como una raza con características antisociales, criminales y con un destino genético inalterable de su inferioridad.
En palabras de Robert Ritterlos gitanos son primitivos típicos cuyo “carácter racial” no podía ser transformado mediante influencias ambientales o la educación en su entorno”.
Con la llegada del Nacionalsocialismo la ideología racial es la única ley imperante, manteniéndose en el centro de todas las decisiones, apoyándose en el Estado. Comenzaba la creación de un Nuevo Orden que impregnaría y cambiaría toda la sociedad, sirviéndose de aspectos de la ciencia para mantener su ideología racial como un elemento legal, destinada a dejar fuera de la sociedad a determinados grupos sociales.
Pronto, minorías como los judíos y romanís (gitanos) comenzaron a ser perseguidas por el régimen nazi, tratando de aislarlos en la sociedad para evitar el contacto con la “raza aria original alemana”. Bajo estas premisas el Reichsführer Heinrich Himmler creó en 1937 el Centro de investigación para la higiene racial y biología de la población poniendo al doctor Robert Ritter al frente. Una de las primeras decisiones de este centro fue aplicar las medidas legales raciales a los romanís.
Entrando ya en las figuras que centran el artículo, primeramente hablaremos del doctor Robert Ritter; Nace en 1901 y desde muy joven se alista en los Freikorps ultranacionalistas de Baviera.
Tras licenciarse en medicina en la especialidad de psicología infantil obtuvo la cátedra en la Universidad de Tubingen en 1936. Durante estos años se encargó de problemas relacionados con los jóvenes antisociales, convirtiéndose en un prestigioso experto, gracias a la publicación de un estudio que analizaba diez generaciones de familias consideradas conflictivas. Basaba sus estudios en el principio de que el comportamiento criminal está genéticamente determinado. Estas ideas eran características de los paradigmas racistas que se habían convertido en política de estado en la Alemania Nazi.
Entre 1936 y 1941, Ritter y un pequeño grupo de colaboradores llevaron a cabo una investigación eugenésica, basada en las historias familiares de delincuentes, especialmente de razas consideradas inferiores y su descendencia híbrida. En colaboración con el RSHA (Oficina Central de Seguridad del Reich) elaboraron detallados estudios genealógicos que dieron como resultado más de 24.000 actas raciales de gitanos con miles de fotos. Estas actas se convirtieron en elementos esenciales para la planificación y puesta en práctica del genocidio, porque permitieron la clasificación y control de esa comunidad.
En diciembre de 1938, Himmler nombró a Ritter responsable del Instituto de investigación de higiene racial.
En 1940, Ritter publicó un informe en el que señalaba que los resultados de su investigación le habían permitido caracterizar a los gitanos como personas enteramente primitivas en sus orígenes etnológicos, cuyo retraso mental los hacía incapaces de una adaptación social real. Según Ritter, los gitanos ni podían ni debían formar parte de la comunidad popular alemana, sino que debían ser esterilizados, para desaparecer como raza.
Entre los colaboradores de Ritter destacaba la antropóloga Eva Justin, una enfermera nacida en Dresde que recibió su doctorado en antropología en 1944. Su tesis se llamó La historia de la vida de los niños de raza gitana y sus descendientes, y trataba el estudio de niños/as de etnia gitana que fueron arrebatados de sus padres y criados en orfanatos sin ningún tipo de contacto con la cultura romaní. A la conclusión de sus estudios los niños y niñas fueron deportados a Auschwitz, donde muchos fueron objeto de experimentos por parte del grupo del doctor Mengele y otros perecieron en las cámaras de gas de dicho campo.
Una vez terminada la guerra,tanto Ritter como Justin no sufrieron ningún proceso judicial ni proceso de desnazificación, es más, sus destinos se volvieron a cruzar en 1947 cuando Ritter fue nombrado Consejero Médico Superior en la asistencia social para jóvenes de la ciudad de Frankfurt, empleando a Eva Justin como psicóloga.
En 1951, Ritter se suicidó debido a una nueva investigación sobre sus actividades durante la guerra, y Eva Justin murió de cáncer en 1966 sin nunca ser juzgados por sus crímenes.

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